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Autoexigencia


Autoexigencia

La autoexigencia da que hablar. Parece que no tengamos claro si es buena o mala. En sí misma es algo estupendo. Nos lleva a tener miras altas y sacar recursos. No es tan buena cuando se coge de la mano de una compañera que quizá te suene: la rigidez. Ahí ya la hemos liado.

Exigirse a uno mismo es aspirar, es establecer un plan de crecimiento, es incluso un signo de autoestima, porque encierra el mensaje de que merecemos algo grande (sin olvidar que a veces lo grande es pequeño, pero ese no es el tema). Pero cuando esa exigencia es rígida, cuando va acompañada de “deberías” de “tendrías”, de desprecios por no haber alcanzado X cosa. Se vuelve destructiva.

Exígete no porque lo que tengas sea una y has de tener más, no porque si no consigues eso no valdrás nada, no porque es lo que se espera de ti. Exígete porque te mereces lo mejor, porque eres capaz de crecer, porque confías en que tienes recursos, porque no quieres vivir desde el conformismo.

Acompaña la exigencia de FLEXIBILIDAD, o sea, de aceptación de ti misma, de tolerancia a tus limitaciones y de paciencia ante tus tiempos. Y así crearás una exigencia sana que sume y no reste.


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