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Cuando el otro se enfada


Nos encantaría estar genial con todo el mundo siempre. ¡Buenrollismo por todas partes! Sería brutal. Pero pasa una cosa: el otro tiene derecho a enfadarse (muy a mi pesar).


Hemos aprendido a poner límites, a decir que no cuando es necesario y a expresar nuestra opinión sin “saberes males”. Eso es maravilloso y cuesta mucho. Pero después de todo esto, nos sorprendemos indignadas porque el otro está molesto.

No mola sentir que alguien está enfadado, pero tiene derecho a hacerlo y además nos ayuda a tolerar situaciones incómodas.

Que se molesten no significa que nos hayan dejado de querer. Únicamente que necesitan tiempo para que sus emociones se calmen.

Sé sincera y haz lo que consideres adecuado, después deja a la otra persona que se tome su tiempo para asimilarlo.