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Consolar es acompañar



Qué difícil es responder ante una persona que sufre. Qué complicado es saber consolar cuando lo que realmente estoy pensando es que menudo golpe lo que le ha sucedido.

Consolar no siempre es dar soluciones, ni alegrar, ni edulcorar. Consolar empieza siempre por reconocer el dolor. Por poner palabras a lo sucedido, y a veces las mejores palabras son “qué duro debe ser lo que te ha pasado” o “debes estar sufriendo mucho”. No tengas miedo a decirlo, no es dramatizar, sino llamar a las cosas por su nombre.

Que se reconozca ese dolor es reparador, porque da permiso para estar así y le da sentido a las emociones. Sin embargo, cuando intentamos quitarle importancia a algo que sí la tiene, el peso se dobla, porque se añade la culpa por estar “demasiado” mal.

Por eso, cuando estés delante de una persona que sufre realmente, no minimices su dolor. Evita quitarle hierro al asunto. Dale permiso para estar así y más adelante, si es adecuado, hazle ver que tiene recursos para enfrentarse a eso.

La mejor manejar de consolar es acompañar.