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Vivir con sentido


La muerte, morir, da miedo pronunciarlo. Es otro voldemort más, un #loquenopuedesernombrado. Evitamos usar esa palabra diciendo que alguien “se ha ido” o “le hemos perdido”. Con los niños hacemos malabares, les contamos que el abuelito se ha dormido para siempre, o que se ha ido al cielo.

 

Y es que la muerte da miedo, de hecho es uno de los temores más habituales, la tanatofobia. Muchas veces aparece junto a síntomas de ansiedad y depresión, otras veces es un miedo encubierto, pero ahí está.

 

En este temor se asocia la muerte a aspectos como la incertidumbre, el sufrimiento, la pérdida, el sin sentido de la vida, la desesperanza. Y aunque sea comprensible, es sólo una cara de la moneda.

 

El que todo tenga un fin, al menos terrenal, hace que el tiempo adquiera un valor incalculable, le da sentido a todo lo temporal, despierta el deseo de exprimir nuestros días. La muerte refleja el valor de la vida. Porque sólo hay una infancia, una juventud, una madre, una crianza, una carrera laboral, una vida. Tu existencia es valiosa en sí misma, pero el sentido que le des depende de ti.

 

Muchas veces en consulta pregunto ¿te gustaría saber cómo y cuándo vas a morir? La mayoría de veces la respuesta es no. Quizá porque da miedo, y también porque esa incertidumbre, aunque pueda ser frustrante, es la que nos mantiene alerta, activos, preparados para vivir al 100%.

 

Para evitar desarrollar este miedo es importante tratar la muerte con naturalidad, entenderla como parte de la vida, no darle un aroma tabú y presentarla con normalidad y delicadeza a los más pequeños.

 

Como leía hace poco, la vida es tan terrible como maravillosa. Sabiendo esto, no quiero estar aquí eternamente, quiero estar aquí sabiendo que mi existencia tiene sentido y deja poso.