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Las crisis reavivan conflictos no resueltos


En los momentos de crisis resurgen los conflictos no resueltos.

 

Por eso, cuando tenemos un conflicto con otra persona tendemos a sacar los trapos sucios del pasado, o ponemos encima de la mesa comportamientos que han dolido y nunca se llegaron a decir.

 

Es por eso que no desenredar los nudos, no enfrentarnos a lo que nos hace sufrir a la larga pasa factura.

 

No se trata de vivir instalado en la queja, sino de ser capaz de poner palabras a aquello que ha dolido y aprender a gestionarlo. Tanto con los demás como conmigo misma.

 

Si hay rupturas del pasado que no has superado.

Si tienes duelos no resueltos.

Si existen temas tabú.

Si alguien te hizo un daño grande y no has sido capaz de transmitirlo.

Si hay algo que te agrede y no haces más que negarlo.

 

Si es así, te invito a que salgas de la negación y/o la pasividad. Que desenredes esos nudos porque es de lo más liberador. De esta manera, cuando lleguen las crisis, tanto personales como de relación con otros, estarás preparado para enfrentarlas mirando al presente, no al pasado.

 

Los conflictos resueltos se quedan en el pasado, no vuelven al presente. No dejan de doler, pero encuentran un sitio en la estantería y poco a poco se van anestesiando.